Miércoles mudo. Sorpresa.

Miércoles mudo. Sorpresa.

“Miércoles Mudo” es un carnaval de blogs o blog hop iniciado por Maybelline de Naturalmente Mamá y participar es muy fácil, solo debes publicar los miércoles una foto (s) sin escribir nada para explicarla (s) (de ahí viene lo mudo). Luego no olvides enlazar en el linky que está debajo y dejar un comentario en cada uno de los blogs que decidas visitar. Para conocer como nació el Miércoles mudo y sus reglas, puedes hacer click aquí: http://www.naturalmentemama.com/2011/05/miercoles-mudo-reglas.html

Imagen | Publicado el por | 5 comentarios

Miércoles mudo. Primer verano.

Miércoles mudo. Primer verano.

“Miércoles Mudo” es un carnaval de blogs o blog hop iniciado por Maybelline de Naturalmente Mamá y participar es muy fácil, solo debes publicar los miércoles una foto (s) sin escribir nada para explicarla (s) (de ahí viene lo mudo). Luego no olvides enlazar en el linky que está debajo y dejar un comentario en cada uno de los blogs que decidas visitar. Para conocer como nació el Miércoles mudo y sus reglas, puedes hacer click aquí: http://www.naturalmentemama.com/2011/05/miercoles-mudo-reglas.html

Imagen | Publicado el por | 6 comentarios

Miércoles mudo. Hermanísimas.

Miércoles mudo. Hermanísimas.

“Miércoles Mudo” es un carnaval de blogs o blog hop iniciado por Maybelline de Naturalmente Mamá y participar es muy fácil, solo debes publicar los miércoles una foto (s) sin escribir nada para explicarla (s) (de ahí viene lo mudo). Luego no olvides enlazar en el linky que está debajo y dejar un comentario en cada uno de los blogs que decidas visitar. Para conocer como nació el Miércoles mudo y sus reglas, puedes hacer click aquí.

Imagen | Publicado el por | 5 comentarios

Miércoles mudo. Picnic.

Miércoles mudo. Picnic.

“Miércoles Mudo” es un carnaval de blogs o blog hop iniciado por Maybelline de Naturalmente Mamá y participar es muy fácil, solo debes publicar los miércoles una foto (s) sin escribir nada para explicarla (s) (de ahí viene lo mudo). Luego no olvides enlazar en el linky que está debajo y dejar un comentario en cada uno de los blogs que decidas visitar. Para conocer como nació el Miércoles mudo y sus reglas, puedes hacer click aquí: http://www.naturalmentemama.com/2011/05/miercoles-mudo-reglas.html.

Imagen | Publicado el por | 3 comentarios

Ok sigmund, te concedo esta.

G. llega tarde. Lucía esta lista para irse a dormir pero aprovecha y le pide un cuento. Cuando termina le pide mimos. Y después le pregunta -¿vos donde vas a dormir?

– En mi cama- contesta G.

– Esta es tu cama-

– jajaja, ¿queee?-

– Sí, esta es tu cama. Yo soy mamá.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Galileo vivía equivocado

Estabamos tomando mate en el patio de la casa vieja. Lucía tenía dos años. Le molestaba el sol en la cara, le molestó siempre. Fruncía el ceño, se cambiaba de lugar mientras tomaba la leche.

Y cuando no aguantó más, me gritó: maaa, decile al sol que no me mire más!!!

Imagen

Publicado en Uncategorized | 2 comentarios

Mano a mano hemos quedado

“Si uno no se desnuda se transfigura en reto todo lo desnudable”

Me hago la boluda. No hay vuelta que darle. Dije que esta era la zona de las angustias, de lo que no comparto. Y ahí están, siguen adentro, se amotinan.

Me tocó pasarla muy sola esta vez. “Apechugarla” dice G. sin saber bien todo lo que significa eso que dice. Nos mudamos a Tigre y Lucía prácticamente dejó de ir al jardín. Y G. labura más que antes y justoahorasijustito le tocó ponerle el cuerpo a algunos proyectos que viene laburando hace años. Nada que yo no comparta, nada que yo no entienda: defender la escuela pública, laburar con los pibes de las escuelas de villa, laburar con los docentes que no cobran, pelear todos los días para conseguir todo lo que nos falta y debería estar garantizado. Pero eso que él encara, eso que es inseparable del chabón que elegí para hacer juntos la vida, también me gustaría hacerlo a mí. No dentro de 6 meses, ahorita mismo. Pero la biología conspira y conspiran las leyes que me dan 6 meses de licencia a mí y a él 6 días. Entonces me toca “apechugarla” y quedarme en casa con una beba de tres meses y una nena de tres años todos los días, todo el día. Con suerte, lo esperamos para el mate de las cinco. Muchos días lo esperamos a cenar y algunos días incluso lo espero bien tarde yo sola en la cama mientras le doy la teta a Maru, ya entrando las dos en sueños.

Y yo se que son solo unos meses, que para Marzo del año que viene las nenas van a estar empezando el jardín por acá y yo empezando a laburar y todo eso. Pero son unos meses jodidos como pocos. Esa me la tenés que conceder. Porque apechugarla no es solamente estar terriblemente cansada. Es mucho más. Es responder todo el día al grito de maaaaa con una beba a upa. Es empezar el día menos diez porque, maldormida, te toca preparar la leche, hacer reir a la niña que se levantó de mal humor, cambiarle el pañal a la pequeña y darle el remedio anti-reflujo, hacer las camas, lavar los platos que tiraste en la mesada el día anterior a punto de rendirte, barrer la comida que se cayó al suelo, todo mientras vas cada 30 segundos a ver el dibujito que la niña hizo con témperas y cada otros 30 a hacerle ruiditos a la beba en el cochecito para que no rompa en llanto. Es irte a bañar con la puerta abierta relojeando el cochecito donde llora la beba mientras le gritas a la niña que ya salís, que porfavor no dibuje las paredes. Es jugar al freezbee en el fondo con una mano mientras con la otra sostenés a la beba que ya no llora, porque es mucho más que eso, es un aullido, un quejido desgarrado desde su reflujo inconsolable. Es hablar más con muñecos que con seres humanos durante días enteros. Es poner la pava doce veces al día para tomar sólo tres mates salteados y siempre frios. Es ir a la plaza y darle de golpe la beba a una mamá con la que acababas de entablar conversación porque salís corriendo desesperada a buscar a la niña que se cayó desde el tobogán más alto. Es aguantar el pis por horas, es salir a comprar con la remera vomitada porque puta madre me cierra el super y acá no hay nada, es explicarle a la niña que no, que hoy mami no puede hacer papas fritas y ofrecerle un mediocre puré que acepta de mala gana y en el que se te van las últimas fuerzas. Es respirar hondo una y mil veces para volver a sonreir, para decir con amor pero también con la garganta hecha un nudo y el cuello dolorido: ay que lindo peinado te hiciste mi amor, te felicito.

Y entonces, cuando G. llega y yo trato de cortar mi comida y limpiar con el pie el agua que se cayó al piso mientras doy la teta y le pongo mayonesa en el plato a la niña, no es que me haga la supermamá. Es que lo soy. Lo soy durante tantas horas, durante tantos días, que a veces ya no se cómo dejar de serlo. Porque tantas horas sin hablar, sin hacer otra cosa que estar ahí para ellas, poquito a poco van anegando el camino a mi racionalidad. Mis caminos son otros, hago todo como quien lucha contra el tiempo y cuando alguien intenta aparecer, intenta hablarme o ayudarme, sólo me sale mirar con ojos huraños de perro bravo, de animal encerrado.

Y no es que la soledad me cueste especialmente. Hace muchos años que la dejé pasar, que le dije como Gelman le dice a la tristeza: venga vieja, sientese. Me tomo mis mates, lloro mientras me baño, me quiero con tristeza cuando me miro al espejo. Me río con mis hijas y de a ratos soy feliz, sobre todo cuando hay sol.

Pero estoy sola muchas veces. Y extraño. No sólo al papá-chabón que me ayuda con las niñas y las cosas de la casa. Porque ese aparece casi todos los días, aunque sea por mucho menos tiempo del que me gustaría. Muerto de cansancio, maldormido, ese llega a casa y cocina, juega, prepara el baño de la niña, pasea a la beba a upa mientras llora, pone un lavadito en el lavaropas. Esa te la tengo que reconocer. Pero extraño al chabón que toma mate conmigo y charla, que me quiere contar cosas, que me hace reír y se ríe de mi manera de pensar, que me lee pedazos de libros en el momento menos oportuno, que me pelea sólo porque le gusta verme enojar. Extraño a esa piba también, la que aparece cuando hay un rato de calma.

Entonces el fin de semana que G. está entero en casa, simplemente no aguanto que esté de malhumor. Y no me importa si se tapó el baño, si se le rompió la cortadora de cesped otra vez, si fue a buscar el auto al taller después de semanas y a las dos cuadras se quedó. No me importa nada. -¿Qué querés que haga?- me preguntó ayer. -Que la remés- le dije con total sinceridad. Porque yo me alquilé una balsita pedorra hace meses y subí a las dos nenas y me metí en el medio de la tormenta y hace meses que remo, remo, remo, y me duelen los brazos y el alma y ahí estoy, remando. Y lo siento, pero pienso que si yo no estoy de malhumor, en esta casa no hay lugar para el malhumor de nadie. Desde lo más profundo de mí, pienso eso.

Y porque no soy buena para quedar en deuda, acá van mis torpes gratitudes. Jamás hubiera escrito este post si no hubiera leído este: Sector de migraciones. Y mierda que me hacía falta.

Publicado en Uncategorized | 2 comentarios